Es sabido que los militares tienen en sus bases maquinas tragamonedas que generan por lo menos
$100 millones de dólares anuales, cuyos fondos son utilizados para actividades de recreación.
El esposo de Carrie Walsh era piloto de helicóptero del ejército americano. Pero hace años,
Aaron Walsh comenzó a jugar en las máquinas
tragamonedas que se encontraban en las bases militares. Con el tiempo Aron se volvió un adicto al
juego y por consecuente arruino su carrera como militar. El otoño pasado Aaron puso un arma a su
cabeza y se mato.
Hay millares de máquinas tragamonedas en las bases militares en ultramar. Estas maquinas producen
alrededor de $100 millones anualmente, este dinero es utilizado para financiar programas de
recreación en ultramar, tales como piscinas, cinemas y conciertos. Los críticos dicen que es un
ultraje que los militares, que tienen un presupuesto de más de $500 mil millones al año, tengan
que tomar el dinero de los bolsillos de sus tropas y hacer funcionar máquinas tragamonedas que
generan créditos que igualan una operación de tamaño mediano a los casino de Las Vegas.
?Los militares no deben ser un depredador en sus propios soldados y sus familias,? dice Juan
Kindt, profesor de negocios en la universidad de Illinois quien ha pasado años estudiando este
tema. ?Ser un depredador de su propia gente que esta sirviendo su país es indignante.? Juan dice
que muchos soldados de ultramar están predispuestos a ser adictos al juego.
Aaron Walsh fue expulsado del ejército americano en septiembre de 2005 debido a sus problemas de
afición al juego. Una noche, él hizo una salida de forma civil a un casino en Bangor, antes de
quitarse la vida.
Para muchas familias debe ser muy difícil enviar a sus hijos a la armada y luego a su vuelta
encontrar que ellos son adictos al juego, ahora no se sabe si al enviar a sus hijos ellos
volverán mejor. ¿Cual es la formación que reciben en el ejército americano? ¿Porque precisamente
la armada debe recolectar sus fondos con el dinero de sus soldados?